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Mensaje de la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, y de funcionarios de su Gabinete durante la durante la ceremonia de Develación del Busto de Cuauhtémoc

Publicado el 28 Febrero 2026

JEFA DE GOBIERNO, CLARA BRUGADA MOLINA (CBM):Esta ceremonia de honores fúnebres por el 501 aniversario del ahorcamiento del señor Cuauhtémoc implica que los que hoy estamos aquí reconozcamos el papel de Cuauhtémoc en la historia.

Quiero saludar a la maestra Patricia Ledesma, directora del Museo del Templo Mayor; a Octavio Murillo, en representación del Instituto de Pueblos Indígenas; a Argel Gómez Concheiro, subsecretario de Grandes Festivales Comunitarios de la Ciudad de México; a Xucuatli Tlazolteotzin Colotl del pueblo de Tolometla Atlixco –aquí en la Ciudad de México–, altépetl mexica telpochcalli, gracias por tu presencia.

Y, por supuesto, a nuestro querido José Alfonso Suárez del Real, para quien les pido un gran aplauso, porque es un defensor de la cultura mexica y en general es quien ha logrado que estos gobiernos de la transformación puedan hacer los reconocimientos y podamos estar aquí el día de hoy recordando, conmemorando a nuestros héroes mexicas. Gracias, querido José Alfonso Suárez del Real.

Hoy estamos aquí reunidos en uno de los sitios más importantes de nuestro pueblo, estamos a la orilla del Templo Mayor de México-Tenochtitlan. Y estamos aquí para develar el busto del último tlatoani mexica, el señor Cuauhtémoc.

Este 28 de febrero recordamos su aniversario luctuoso, ocurrido hace 501 años. Honramos su memoria y escribimos su nombre en este lugar sagrado. El año pasado conmemoramos 700 años de la fundación de México-Tenochtitlan y fuimos testigos del funeral de Estado que el Gobierno de México realizó en su honor.

Cuauhtémoc, el águila que desciende, es una figura esencial, es uno de los héroes más importantes de la historia de nuestro pueblo. Fue el guerrero que encabezó la resistencia de México-Tenochtitlan en su hora más oscura. Fue el heredero de la voz de su pueblo y defensor del legado milenario de las culturas de México. Gobernó cuando el sol se oscureció y nunca traicionó la casa común.

Estamos en tierra sagrada. Aquí era donde las aguas se reunían, aquí era donde reposaba el fuego nuevo, donde descendían las águilas. Casa de Tláloc y de Huitzilopochtli. Aquí era donde se jugaba la pelota. Aquí era donde confluían los caminos y los rumbos del universo. Este lugar, es el lugar de nuestros ancestros.

En los antiguos cantares se dice que el canto guarda la verdad, el canto es memoria, el canto es raíz y Cuauhtémoc es canto, el canto de un pueblo que resiste, el canto de una historia viva.

Nuestra ciudad es hoy una de las grandes metrópolis del mundo, corazón político, económico y cultural de América, pero también es un territorio ancestral, lugar de encuentro de grandes civilizaciones del continente.

Esta escultura que hoy develamos guarda un mensaje profundo: aunque pasen los siglos aquí seguirá resonando el canto de nuestro pueblo. Aquí volverán a escucharse los caracoles y los tambores. Aquí seguirá la danza. Aquí regresaremos a encender el copal y a dejar nuestras ofrendas.

Nuestro pueblo pertenece a esta tierra. Nos une un vínculo sagrado tejido por generaciones y un destino que comenzó cuando se cumplió la profecía de fundar una ciudad allí, donde el águila se posara sobre el tunal devorando a la serpiente.

Los siglos no han roto este lazo. La conquista no borró la memoria y nuestro pueblo recuerda: mientras exista memoria, mientras existan hombres y mujeres que sepan escuchar la voz antigua de nuestros antepasados, este lugar seguirá haciendo el centro, seguirá siendo la casa de nuestro pueblo.

A 501 años de su muerte, Cuauhtémoc sigue en pie: sigue en los pueblos originarios, sigue en esta ciudad y en esta ciudad sigue viva su memoria.

¡Que viva Cuauhtémoc! ¡Que viva México-Tenochtitlan!

¡Que viva la Ciudad de México!

ASESOR POLÍTICO DE LA COORDINACIÓN DE COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA, JOSÉ ALFONSO SUÁREZ DEL REAL Y AGUILERA (JASRA):Caulli tonalli. Cualli tonalli Clara Brugada Molina, señora y jefa de Gobierno de la gran Ciudad de México-Tenochtitlan.

Cualli tonalli, hermanos y hermanas. Cualli tonalli Patricia Ledesma, guardiana, directora general del Huey Teocalli de México-Tenochtitlan. Cualli tonalli hermanos Octavio y Argel.

Prueba manifiesta del profundo amor y compromiso de la Presidenta de México, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo y de su compañera y amiga, la jefa de Gobierno Clara Brugada Molina, el busto del gran señor Cuauhtémoc, retorna al espacio público para integrarse a la memoria de nuestra gran ciudad.

Y gracias al tlamatini, Miguel León Portilla, cuyo centenario estamos aún celebrando, puedo dirigirme al Huey Tlatoani Cuauhtemoctzin, cómo lo indican, cómo lo marca, cómo lo señalan los huehuetlatollis recopilados por Fray Andrés de Olmo en 1535, palabras antiguas, palabras de nuestros abuelos y nuestras abuelas, de nuestros ancestros con las que saludaban a las y los señores de su época y con las que saludaron al joven cuando fue ungido gran señor de la palabra de esta ciudad.

Hoy, Cuauhtemoctzin, te puedo decir: mi señor, yérguete en el sitio donde quizá por un momento, por un día, en el lugar de cactli, al lado izquierdo de la cercanía y de la proximidad de quien es hogar, es casa, es señor único, Ometéotl, a quien sirves de cactli, a cuya izquierda estás, a quien asistes, a quien prestas servicios, tú, lo representas. Tú eres su imagen, sus ojos, su mandíbula, tú eres su rostro; su oído te haces porque le sirves de intérprete, haces que brote su voz, haces sus palabras.

No en vano, no en vano cae, va floreciendo, va brillando, va enalteciéndose, va recibiendo honra su aliento. Su palabra, de nuestro señor, junto a ti, en tus manos la coloco.

En tu interior, en tus entrañas, en tu seno, en tu garganta escondió, puso su libro, la palabra, lo que es negro, lo que es rojo, lo que es sabiduría, en donde aparecen los dardos del águila, del ocelote, que aquí estás lanzando, aquí estás devolviendo.

Estas palabras, iguales a aquellas que te fueron dirigidas desde el día en que el consejo te eligió, como Señor de la palabra de México-Tenochtitlan, hoy la rescatamos, la recuperamos para honrarte, para colocar tu rostro y junto a él tu corazón y tu legado aquí.

Delante del Huey Teocalli, del Templo Mayor, que nos recuerda el portento de la fundación del altépetl al que con toda tu fuerza defendiste; al pueblo al que cuidaste y defendiste hasta el momento mismo en el que la sabiduría de nuestras abuelas y nuestros abuelos te aconsejaron y te pidieron que debías prepararnos para que en sigilo guardásemos tu legado, para que en sigilo sembráramos en niñas y niños el honor y la gloria, la grandeza de México-Tenochtitlan, para que, cuando el sol volviera con fuerza y convicción, aquí estuviéramos preparados y reunidos.

Huey Tlatoani Cuauhtemotzin, pese a tu cruel e injusto suplicio, a tu ilegal ahorcamiento en Itzamkanac, hoy, a 500 años de haber trascendido tu rostro y con él tu corazón, regresan al lugar que defendiste, al lugar que nos recuerda el portento fundacional de la ciudad que persiste, de la ciudad fraterna, de la ciudad transformadora.

Quede tu efigie como recuerdo permanente de tu legado, y por tanto, de legado de los migrantes que fundaron este portento. Esta estructura de memoria, este Huey Teocalli que nos recuerda de dónde venimos y que alimenta las fuerzas de hacia dónde vamos.

Hermanas y hermanos de barrios y pueblos originarios, de todas las naciones que conformamos al México de la Transformación. Dirijamos al rostro y corazón de Cuauhtemotzin estas palabras, también antiguas y sabias, que nuestras abuelas y abuelos también le dirigieron a él:

¿A quién en verdad dejarás al mando? ¿A quién en verdad observas? Porque ya eres madre de la gente, padre de la gente, porque ya educas a los hombres y los instruyes. Eres protector, eres amparador, grande es lo que cargas, grande es tu responsabilidad, porque eres ceiba y ahuehuete, porque das sombra, das protección, porque eres apoyo, das abrigo, eres alivio y eres remedio.

Huey Tlatoani Cuauhtemotzin, sigue guiando nuestra vida, sigue velando por la fama y la gloria de México-Tenochtitlan, de México y de todos quienes aquí vivimos hermanados.

Tlazocamati.

DIRECTORA DEL MUSEO DEL TEMPLO MAYOR, PATRICIA LEDESMA BOUCHAN (PLB):Muchas gracias, buenos días a todos. Jefa Clara Brugada, de verdad es un honor que esté con nosotros. A todo nuestro honorable presídium, maestro Suárez del Real, siempre es un gusto tenerlo acá, cómplice de muchas aventuras, espero que todavía haya muchas más.

Es un verdadero gusto y un honor verla nuevamente, jefa de Gobierno, y aún más que sea la memoria de uno de los héroes más singulares de nuestra historia patria quien nos convoque.

Nos encontramos aquí, al pie del Templo Mayor, el edificio más importante para la antigua ciudad de Tenochtitlan y sus habitantes. Era el centro religioso, político y urbanístico de la comunidad y lo sigue siendo, ¿verdad, muchachos?

Al joven Cuauhtémoc, con apenas unos 20 o 25 años, le fue encomendada la tarea de defenderlo. A sus abuelos, los abuelos de sus abuelos e incluso a su padre les correspondió edificarlo, conseguir piedra, tierra, arena, cal para levantar, con una asombrosa ingeniería, uno de los edificios más impresionantes de su época a nivel mundial.

La casa a su dios Huitzilopochtli, que lo tenemos aquí en una representación que nos hicieron favor de prestar.

Sin embargo, sus hijos, si es que los llegó a tener y sobrevivieron a la colonización europea, ya no lo conocieron. El edificio fue destruido hasta lo que pensaron que eran sus cimientos y así vivió un largo sueño de 300 años. Incluso se perdió su exacta localización que se pensaba que estaba debajo de la catedral.

No fue sino hasta que México fue independiente y nos encontrábamos en un momento de auge artístico y científico que las primeras huellas del coloso regresaron a la vida por allá de 1914. Pero para que pudiéramos atestiguar la antigua grandeza de Tenochtitlan, tuvimos que esperar hasta 1978, cuando la inesperada aparición de la Diosa de la Luna permitió que se iniciara uno de los proyectos arqueológicos más fructíferos de la historia de la ciencia. Sí, una diosa mujer.

Llevamos casi 50 años de incansables estudios, primero bajo la batuta de Eduardo Matos y ahora de Leonardo López Luján y Raúl Barrera. Es el equipo de mujeres y hombres dedicados al estudio, al cuidado y a la divulgación de ese pasado asombroso quienes permiten que hoy podamos disfrutar de ese patrimonio que es de todos y de todas.

Querida jefa de Gobierno, celebro la develación de esta efigie y su traslado más cerca al corazón de Tenochtitlán. Son acciones como éstas las que dejan muy en claro que usted está comprometida firmemente con la defensa y la conservación de nuestro patrimonio arqueológico.

Muchas gracias.

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