Mensaje de la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina durante la Ceremonia cívica por las víctimas de los sismos de 1985 y 2017
Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina (CMB): Gracias por la asistencia de los damnificados del 19 de septiembre, tanto del 85 como del 2017.
Gracias a la presencia de los que aquí tenemos enfrente, al presídium, a todos los equipos de emergencia, a los rescatistas, un fuerte aplauso en este homenaje, a todas las personas que contribuyeron a que en los sismos del 85 y 2017 la población pudiera salvarse.
Quiero saludar a Jabenly Maldonado, vocal ejecutiva de FOVISSSTE, pero impulsora de la reconstrucción en la Ciudad de México.
También al licenciado Eduardo de Agüero Le Duc, presidente nacional de la Cruz Roja Mexicana y con ello un fuerte aplauso a la Cruz Roja y a todas las instituciones que han apoyado incondicionalmente y de manera solidaria a la Ciudad de México.
Quiero saludar a Superbarrio Gómez, histórico luchador de la Ciudad de México.
A Gloria Juandiego, fundadora del Sindicato de Costureras 19 de Septiembre y a todas las costureras, a toda su lucha que ha dejado muchas enseñanzas. Gracias, querida Gloria, por acompañar este momento.
A Mónica Romero, del Colectivo de Damnificados Unidos de varias alcaldías.
Héctor de la Cueva, del Colectivo de Movimiento de Familias Damnificadas. Gracias, querido Héctor, por toda tu lucha, la de los damnificados.
A Narciso López, Colectivo 19S-17. Por una reconstrucción digna.
Saludo a la arquitecta Myriam Urzúa, secretaria de Gestión Integral de Riesgos y a Inti Muñoz, secretario de Vivienda.
Saludo a todo el gabinete, aquí está la secretaria de Salud, de Trabajo, de Ordenamiento Territorial, consejera jurídica; secretario del Deporte, Javier Hidalgo y también luchador en esos momentos de el 85 y del 2017, un luchador a favor del pueblo; secretaria de Mujeres, en fin, a todo el gabinete.
Pero en especial a ustedes, a los damnificados, a las personas que sufrieron durante los sismos.
Hoy se cumplen 41 años del sismo del 85 y nueve del 2017. Y cada 19 de septiembre la Ciudad de México recuerda, recordamos con emoción y dolor a quienes perdieron la vida. Recordamos y reconocemos a quienes perdieron a un ser querido, a una madre, a un padre, a un hijo, una hermana, un compañero. Recordamos las calles cubiertas de polvo y de silencio, pero esta ciudad tiene siete siglos de memoria y no olvida.
Recordamos también que cuando todo parecía derrumbarse, el pueblo permaneció de pie. En 1985 vivimos una tragedia marcada por la negligencia criminal del gobierno. El terremoto no solo derrumbó edificios, derrumbó también la apariencia de un régimen que se creía sólido y todopoderoso, pero que falló, que falló estrepitosamente cuando el pueblo más lo necesitaba.
En el 85, mientras el gobierno quedaba rebasado, el pueblo estuvo a la altura. Miles y miles salimos espontáneamente de las calles y se tomó el espacio público, sin esperar instrucciones, sin preguntar quién mandaba, sin preguntar a quién conocían, preguntando en cambio dónde hace falta una mano y aparecieron miles, miles de manos para apoyar, manos para levantar piedras, manos para cargar heridos, manos para cocinar, manos para curar, manos para organizar albergues, manos desconocidas que se encontraron y se convirtieron en hermanas, manos anónimas que demostraron que una ciudad solo se salva desde abajo.
Recuerdo muy bien aquel impresionante despliegue, un gran despliegue popular de autoorganización, apoyo mutuo y solidaridad, brigadas removiendo escombros, personas ofreciendo atención médica, ciudadanos dirigiendo el tránsito, centros espontáneos de acopio y miles de voluntarios llevando alimentos, agua, ropa y medicinas.
Como dijo Carlos Monsiváis, en 1985 el pueblo se convirtió en gobierno y el desorden oficial en orden civil.
Aquel 19 de septiembre aquí, cercanamente, en los talleres textiles de San Antonio Abad, trabajaban miles de mujeres en condiciones terriblemente precarias. Cuando la tierra tembló, cientos perdieron la vida y mientras algunos patrones se preocupaban primero de rescatar mercancías y máquinas, eso pasaba, pero las costureras con su dignidad y su lucha cambiaron la historia de esta ciudad, mujeres acostumbradas a coser para otros, hilvanaron entre ellas una hermosa red de solidaridad y organización.
Nunca voy a olvidar el rostro, las manos, el ejemplo de la valentía de las costureras. Nunca vamos a olvidar ese camino que se llevó a cabo, juntas caminamos a muchos lados a exigir justicia.
Aquí, en San Antonio Abad, día y noche organizando, acompañando. Aquí estuvo, aquí se formó ese gran movimiento de costureras, pero también se convirtió en el centro y el lugar de los movimientos de la Ciudad de México.
Aquí muchos de los que estamos pasábamos días y noches y el lugar era con las costureras del Sindicato 19 de Septiembre, entonces ese momento y esa situación tan difícil comenzó a crear esos cimientos de los movimientos sociales que tenían a un gran referente.
Aquí estuvimos entre todos tratando de coser las heridas que dejó el terremoto. Aquí escuchamos las historias y compartimos el dolor con las costureras, su rabia y su indignación. ¿Cómo olvidar a Ojos de Lucha? Esa gran expresión artística que se generó aquí, en estos lugares donde estaba la organización de las costureras.
Han pasado más de 40 años, pero hay recuerdos que no envejecen. Me siento muy orgullosa de haber acompañado esa lucha y también de que esa lucha nos haya acompañado durante toda la vida. Aquellos días junto a las costureras entendí que la política es una lucha sin cuartel contra la injusticia.
De los escombros del 85 nació el México nuevo. Florecieron los movimientos sociales urbanos, crecieron organizaciones de vivienda, nacieron movimientos vecinales, luchas de inquilinos, organizaciones de damnificados, exigencias sindicales.
Del 85 nació una ciudad que aprendió a organizarse desde abajo. Fueron los años de la CONAMUP, de la Asamblea de Barrios, de los campamentos, de las marchas y movilizaciones al ritmo de Rockdrigo o de La Maldita Vecindad. Fueron los años en los que Superbarrio se convirtió o convirtió esa máscara en el símbolo de la lucha por la vivienda.
Vivimos una auténtica primavera de efervescencia y fraternidad popular que sembró una semilla que florecería después en la transformación de la ciudad y del país. Éramos jóvenes, pero fuimos parte de esa lucha y allí aprendimos a organizarnos, allí aprendimos a militar por la justicia, aprendimos a la necesidad de estar unidos, a construir fuerza popular. Esas luchas transformaron esta gran ciudad, pero también, sin duda, nos transformaron a cada uno de nosotros.
De ahí emergió también la gran lucha por la democracia, la gran lucha por la gente común, por el sagrado derecho a decidir democráticamente sobre su ciudad y sobre su destino. El 85 –el mismo año– fue el preámbulo de una gran impugnación ciudadana y desobediencia al régimen autoritario; tres años después, en 1988, millones de mexicanas y mexicanos salieron a disputar democráticamente el rumbo de la nación, aquella voluntad popular solo pudo ser derrotada mediante el fraude.
Pero ya nada sería igual, algo había cambiado para siempre: el pueblo había perdido el miedo, descubrimos nuestra fuerza, aprendimos a organizarnos, entendimos que la democracia no se concede desde arriba, se conquista desde abajo. Quienes hoy gobernamos la Ciudad de México somos parte de esta historia, somos herederos de estas luchas
Treinta y dos años después, hace nueve años, el 19 de septiembre de 2017, la tierra volvió a temblar, una generación con memoria, otra descubriendo los viejos horrores. Y volvió a emerger la misma ciudad solidaria, cientos de puños levantados en medio del silencio, otra vez las cadenas humanas, solidarias, otra vez las brigadas, otra vez las bicicletas llevando herramientas y medicinas, otra vez los restaurantes preparando comida, otra vez las casas convertidas en centros de acopio, otra vez la organización popular espontánea, otra vez las juventudes levantando piedras.
No podemos olvidar que quienes tenían la responsabilidad de la reconstrucción en 2017 terminaron con graves investigaciones por corrupción. Hay que decirlo con claridad: mientras abajo el pueblo se organizaba para levantar la ciudad, arriba la cúpula del gobierno se organizaba para aprovechar, para tratar de hacer negocios o para robar.
Cuando Claudia Sheinbaum llegó al gobierno, en 2019 frenó con enorme determinación ese modelo corrupto e insolidario de reconstrucción. Querían que los damnificados se convirtieran en deudores de la banca para poder reconstruir su vivienda.
Los gobiernos de la transformación asumimos la reconstrucción como una obligación pública y transparente, como una responsabilidad de la ciudad. Hoy podemos mirar a las familias a los ojos y hablar con resultados.
La reconstrucción tiene ya más del 97 por ciento de avance. Hemos entregado 20 mil 556 viviendas; las que están el día de hoy en proceso de construcción, cuentan con un avance superior al 60 por ciento. La inversión pública total destinada a la reconstrucción, será superior a los 15 mil 500 millones de pesos.
Y nuestro compromiso es invariable: la reconstrucción termina cuando la última familia regrese a casa y en eso estamos comprometidas y comprometidos para hacerlo lo más rápido posible, monitorearlo todos los días hasta garantizar que esto concluya. Y sé que eso va a ser una realidad gracias a ustedes, gracias a las organizaciones, gracias a los colectivos y a los propios damnificados.
¡Que viva la lucha de los damnificados de la Ciudad de México!
Hoy rendimos homenaje a las víctimas del 85 y 2017. Y la memoria obliga, quienes hoy gobernamos estamos obligados porque sabemos de dónde venimos: venimos de las costureras del 85, venimos de los damnificados organizados, venimos de las luchas por vivienda, venimos del Movimiento Urbano Popular, venimos de las organizaciones vecinales y estudiantiles, venimos de quienes enfrentaron el autoritarismo, venimos de quienes lucharon por la democracia, venimos de la lucha desde abajo. Y por eso estamos aquí, por eso vamos a cumplir y vamos a seguir transformando esta ciudad.
Quiero concluir recordando un hermoso fragmento de un poema de José Emilio Pacheco, dice así:
Para los que ayudaron, gratitud eterna, homenaje. Cómo olvidar, joven desconocida, muchacho anónimo, anciano jubilado, madre de todos, héroes sin nombre, que ustedes fueron, desde el primer minuto de espanto, a detener la muerte con la sangre de sus manos y de sus lágrimas, con la conciencia de que el otro soy yo y yo soy el otro.
Si el mundo no se vino abajo sobre México, fue porque lo asumieron en sus espaldas. Ustedes todos, ustedes todas, héroes plurales, honor del género humano.
Reciban en cambio el odio, también eterno, el ladrón, el saqueador, el indiferente, el despótico, el que se preocupó de su oro y no de su gente.
El otro soy yo y yo soy el otro.
Esa fue la lección del 85 y volvió a serlo en 2017. Cuando las cosas se ponen difíciles nos tenemos, en esta ciudad, a los unos y a los otros. El pueblo salvó al pueblo, el pueblo salva al pueblo. Mientras sepamos sostenernos solidariamente unos a otros, esta ciudad seguirá en pie al menos otros siete siglos.
¡Que viva la lucha de la población después de los sismos! ¡Que vivan los rescatistas!
¡Que vivan las personas y la solidaridad que se promovió en esos momentos!
Muchísimas gracias.
¡Que viva esta ciudad! ¡Que vivan todos los equipos!
Y un agradecimiento y reconocimiento a todas y todos. Aquí a los equipos de reconstrucción, a Víctor, a todos, que tenemos una gran tarea por hacer y la vamos a cumplir.
Muchísimas gracias a todos.
Secretaria de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, Myriam Urzúa Venegas (MUV): Con su permiso, jefa de Gobierno. Muy buenos días a todos y a todas.
Hoy, 19 de septiembre, nuestra capital guarda un minuto de silencio que retumba en la memoria colectiva de toda una nación. Esta fecha marca una huella indeleble en la historia de nuestra ciudad: un día como hoy, en 1985 y 2017, la tierra vibró con fuerza, transformando para siempre nuestra ciudad, arrebatándonos más de 10 mil vidas en 1985 y 369 en 2017.
Dichos eventos nos dejaron cicatrices profundas en miles de familias mexicanas. Sin embargo, en medio del dolor, en medio de la incertidumbre, surgió la fuerza más grande de nuestro pueblo: la unidad, la solidaridad y el apoyo mutuo emergieron de entre los escombros y se convirtieron en los verdaderos cimientos de esta gran metrópoli.
Esa solidaridad se convirtió en un ejemplo que permanece hasta nuestros días y nos recuerda que ante la adversidad, nuestra mayor fortaleza es la capacidad que tenemos de organizarnos y de ayudar a los demás.
Hoy recordamos con mucho respeto a las víctimas, pero también a las mujeres y a los hombres que, sin dudarlo, hicieron y formaron cadenas humanas para remover piedras, a la juventud que tomó las calles para organizar el tráfico y distribuir los víveres, a los cuerpos de emergencia que arriesgaron su propia integridad para salvar vidas.
A todas las víctimas de aquellos fatídicos sismos les rendimos hoy nuestro más respetuoso homenaje. Su memoria no vive en el olvido, sino en el compromiso diario de este gobierno para construir una ciudad cada vez más segura, cada vez más resiliente, cada vez más preparada. El mejor tributo que nosotros podemos rendir a quienes nos precedieron no es solamente el recuerdo, es la acción.
La tragedia de 1985 dio nacimiento a la protección civil en México y la experiencia de 2017 nos abrió paso para transitar justamente de un enfoque reactivo a uno preventivo, consolidando así el paradigma de la gestión integral de riesgo; pasamos de ser una sociedad que reaccionaba ante un desastre a una que planifica, a una que evalúa y privilegia la prevención.
Hoy, la Ciudad de México cuenta con uno de los sistemas de atención de emergencia sísmicos más robustos y articulados del país; contamos con un protocolo del Plan de Emergencia Sísmica que se evalúa y mejora después de cada simulacro.
Nuestra capacidad de respuesta operativa se despliega en una estructura territorial piramidal que abarca todas las alcaldías, coordinaciones territoriales y cuadrantes de la ciudad que está conformada por más de 5 mil funcionarios de distintas dependencias. Esta red nos permite asegurar que, ante cualquier contingencia, la información fluya con rapidez y la toma de decisiones sea inmediata y certera.
Es importante mencionar que este camino hacia la prevención no se ha construido de un día para otro, ha requerido de cultivar en las aulas, en los hogares, en la comunidad, en el territorio, la cultura de la prevención.
La naturaleza no avisa, pero la preparación nos salva. Los sismos del 85 y 2017 nos enseñaron que no podemos evitar que vuelva a temblar, pero sí podemos decidir cómo nos encuentra organizados.
La gestión de riesgo y la protección civil no son una tarea exclusiva del gobierno, son una responsabilidad compartida en donde cada brigadista, docente, familia, habitante, cuenta. La verdadera fuerza de esta ciudad no reside solo en sus grandes estructuras de concreto, sino en el tejido social, en el cuidado mutuo y en la certeza de que nadie se queda solo en los momentos de dificultad.
Honremos el legado de 1985 y 2017, siendo una sociedad informada, organizada y lista.
Porque recordar es mantener viva la historia, prevenir es cuidar nuestro presente y protegernos los unos a los otros es construir realmente un futuro muchísimo más seguro.
Muchísimas gracias.
Gracias, jefa de Gobierno.
Fundadora del Sindicato 19 de Septiembre, Gloria Juandiego Monzón (GJM): ¡Se ve, se siente, la costurera está presente! Eso queremos decir. Compañera, jefa de Gobierno, gracias por la invitación.
Recordamos justamente, a 41 años, que usted, siendo luchadora social y que lo sigue siendo, nos acompañó en diversos momentos en esta lucha.
Por eso estamos aquí, porque tenemos un compromiso con nuestras compañeras y compañeros que quedaron bajo los escombros, con nuestras compañeras y nuestros compañeros que nos dieron vida, que nos dieron vida en esos momentos para luchar por el rescate de sus cuerpos, por liberar los talleres que todavía podían trabajar las compañeras y lograr sus indemnizaciones.
Pero también luchamos por un aparato que nos ayudara a seguir luchando para mejorar las condiciones de vida y laborales de las trabajadoras y trabajadores de la costura.
Por eso estamos aquí, porque no queremos desaparecer, no queremos quedar ni bajo los escombros ni ser una desaparecida más. Queremos insistir que seguimos viviendo, que estamos luchando, que seguimos existiendo justo por ellas, para que siga visibilizándose la importancia de ese momento.
Ese momento que a nosotros nos rodeó de solidaridad, nos rodeó de apoyo de las diversas organizaciones del movimiento urbano, de los estudiantes, de los profesionistas, de las feministas, o sea, de tantos grupos que llegaron a este espacio.
Y hoy queremos seguir conservando la dignidad, pero también esa forma de cómo la solidaridad se tiene que seguir compartiendo, que los espacios se tienen que seguir compartiendo.
Y por eso estamos aquí, para decirles a todas y a todos que seguimos luchando, que aunque hoy vuelve a haber condiciones, en diversos talleres, de explotación, por eso existimos: para seguir luchando y decir que se pueden hacer diferentes las cosas.
Queremos decir que necesitamos a los gobiernos cercanos a nosotros efectivamente, que necesitamos que nos sigan visibilizando, que nosotros estamos ahí para seguir luchando por nuestras compañeras y compañeros.
No tenemos ya el registro sindical en nuestras manos, pero tenemos la voluntad, el conocimiento, la fuerza y la decisión para seguir luchando por las trabajadoras y los trabajadores de la costura.
Y ese espacio, que el propio Gobierno de la ciudad, en el año 24 escrituró a nombre de la Organización de Costureras y Costureros 19 de Septiembre y que fue reconocido el año pasado el Monumento a la Costurera, un símbolo para nosotros de suma importancia, por supuesto, y que no queremos que siga siendo vandalizado y la jefa de Gobierno actuó para que se declarara Patrimonio Histórico de la Ciudad de México, pero hay que darle vida y la vida se la damos nosotras.
Entonces, aquí estamos, seguiremos estando, está nuestro espacio y vamos a seguir luchando. Pedimos y seguimos solicitando la cercanía del Gobierno de la ciudad, del Gobierno Federal, porque nos hace falta mucho, mucho por hacer.
Gracias por el espacio, gracias jefa de Gobierno y seguimos presentes.
Representante del Colectivo Damnificados 19S-17: Por una Reconstrucción Digna, Narciso López Aguilar (NLA): Buenos días. Con su permiso, señora jefa de Gobierno. Saludos a todo el presídium y, en particular, a todos los que nos acompañan.
Voy a tratar de leer, porque soy malo para hablar. A todos los asistentes a este evento de conmemoración de los sismos del 19 de septiembre, de verdad, gracias por estar aquí.
El Colectivo Damnificados 19S-17: Por una reconstrucción digna, reconoce que, ante los rezagos de los sismos del 19 de septiembre del 2017, actualmente y, en términos sociales, se ha avanzado –y de verdad, los que hemos vivido estas experiencias decimos– muchísimo en la reconstrucción de las viviendas que nos arrebató el dios mexica Tepeyóllotl.
Pero gracias al papel social oportuno, acertado e íntegro de nuestro secretario de Vivienda, del Gobierno de la Ciudad de México, Inti Muñoz Santini y, por supuesto, de nuestra jefa de Gobierno, con todo el respeto que se merece, Clarita Brugada Molina, la cual con sus acciones de gobierno se está ganando la batalla para que todos y cada uno de los damnificados de la Ciudad de México regresen a casa.
En este año, como lo planteamos los colectivos que luchamos codo a codo con el gobierno para salir adelante, que todos, todos los colectivos, sin excepción, son importantes y representan un papel fundamental con nuestra jefa de Gobierno y con sus acciones de gobierno.
Reconocemos que aún falta mucho y que hay muchísimos problemas aún por resolver. Lo tenemos claro y los estamos atacando y resolviendo, pero se ha avanzado muchísimo y se están resolviendo gracias a usted, jefa de Gobierno, los rezagos que hemos mencionado y que tenemos identificados.
Tenemos claro y seguiremos unidos, avanzando, como ya lo dije, codo con codo con el secretario de Vivienda para lograrlo. Gracias, secretario; gracias, jefa de Gobierno.
Quiero, en este evento tan singular y especial, reconocer el papel acertado y puntual de nuestra jefa de Gobierno, señora con toda la expresión total, Clarita Brugada; expreso las gracias permanentes por su sensibilidad y su acción humana.
Pero, además –también quiero hacerlo en esta tribuna– a todos los colectivos y a toda esa población damnificada que decidió organizarse, como lo experimentamos en el 85 y de ahí crecimos.
Por último, quiero recalcar que nunca como hoy, con su gobierno, se ha avanzado tanto y a las pruebas nos remitimos en las diferentes calles de la Ciudad de México. Y todo responde a la sensibilidad de usted y su preocupación porque regresen a casa todos los damnificados por esta acción de gobierno y humanitaria.
Y justo le pedimos y le decimos: en este año resolvamos y le damos las gracias adelantadas, porque sé que lo vamos a lograr en este año.
Asimismo, agradecemos todos los integrantes del colectivo Damnificados 19S-17, por una reconstrucción digna, por todos los avances que hemos contribuido humildemente para que las personas que se les quitó su vivienda regresen, reciban sus llaves y tengan una mejor condición de vida.
Gracias a este gobierno incluyente, gracias a este gobierno humano. Y reconozco el papel íntegro, desde hace más de 40 años, de Inti Muñoz Santini como secretario. Y, por supuesto, hace más tiempo, desde que estábamos jóvenes, de Clarita Brugada al frente de este gobierno que es totalmente diferente.
Y a título personal: le agradezco, señora jefa de Gobierno, desde siempre, de su camarada y amigo, Narciso López Aguilar, por su buen gobierno.
Gracias.
Representante del Colectivo Movimiento de Familias Damnificadas 19S, Héctor de la Cueva (HC): Muy buenos días, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, funcionarios y personalidades aquí en el presídium. Y, sobre todo, muy buenos días a las representantes y los representantes de damnificados del 85 y del 17 que nos encontramos hoy en este 19 de septiembre.
Han pasado largos nueve años desde el terremoto del 17. Y han pasado muchas cosas en estos nueve años. Y no quisiéramos que fueran tantos los damnificados para recuperar nuestras viviendas, pero aquí estamos hoy.
Al principio, en ese día 19 de septiembre del 17, reinó como siempre el caos y la incertidumbre, que es a lo que nos enfrentábamos los damnificados. Afortunadamente, una vez más recibimos la solidaridad y la simpatía de los habitantes de la Ciudad de México y eso empezó a cambiar las cosas.
Pero debimos organizarnos como damnificados y así empezamos: Damnificados Unidos de Benito Juárez, Damnificados Unidos de la Ciudad de México, Coordinación de Damnificados, Movimiento de Familias Damnificadas 19 de Septiembre, nos fuimos organizando, haciendo un movimiento para luchar por nuestros derechos porque era necesario y porque siempre es necesario que la sociedad civil se organice, sobre todo en estas situaciones.
Pero también, afortunadamente ese movimiento encontró la sensibilidad en el Congreso y en el Gobierno de la ciudad para hacer posible una Ley para la Reconstrucción, porque hoy hay que reconocer que la manera en que se enfrentó ese terremoto, las consecuencias del 17, fue muy diferente, porque no solo estaba la experiencia, sino una voluntad diferente para hacer las cosas de otra manera en beneficio de los damnificados.
Y esa Ley para la Reconstrucción, efectivamente, nos permitió a los damnificados aspirar a recuperar nuestra vivienda sin costo alguno para los damnificados. Esto es muy importante y es algo que hay que destacar en el mundo, porque sí, al principio nos querían endeudar más, era la manera en que íbamos a solucionar: agarren una deuda y a ver qué pasa.
Pero la ciudad, ciudadanía, gobierno, Congreso dijeron: vamos a hacer una ley para la reconstrucción, para que los damnificados recuperen su vivienda sin costo, de manera digna y de ser posible en el mismo lugar donde habitaban. Y creo que esa es una gran conquista y a pesar de todo lo que hemos tenido que pasar estos nueve años, hay que reconocerlo.
Sí, no puedo dejar de decir, porque aquí no venimos a aplaudirnos solamente, sino a reconocer y a hacer experiencia, a sacar lecciones. En el camino los damnificados nos enfrentamos a muchos obstáculos; algunos que deben ser superados todavía, que tenemos que aprender a superarlos y que nos llevaron demasiado tiempo para poder avanzar.
Ciertamente hoy, la mayoría, porque afortunadamente en el 17 no perdimos tanta gente como en el 85, pero sí hubo miles de familias damnificadas en toda la ciudad, no sé si incluso el daño fue más grande en términos de vivienda y de zonas que abarcó los daños; no hubo tantas víctimas mortales, pero el daño fue enorme, repararlo efectivamente era un reto muy grande y hoy creo que está casi por terminar.
Pero falta lo que falta y el tramo que falta hay que hacerlo sin amainar el esfuerzo, sin bajar la guardia, tratando de que hasta los últimos lleguen a recuperar su casa. Faltan todavía edificios por reconstruir. Algunos, en mi caso personal, el día de ayer recibí mi edificio, después de nueve años, hubiera querido que fuera antes, pero fue ayer, ya lo recibí.
Y espero que mis vecinos y vecinas lo hagan en el transcurso de este año o el año próximo y que además se faciliten lo que sigue, porque una vez que recuperas tu vivienda viene la ruta larga, el viacrucis jurídico de realmente recuperar en todo la forma el patrimonio.
Y esperamos que el Gobierno de la ciudad pueda acompañarnos en este último tramo, que todos recuperen su vivienda y que podamos verdaderamente decirle a México y al mundo, que aquí se corrigió los daños de un terremoto y que todos los damnificados pudimos regresar a nuestro hogar.
Sí quiero decir que en todo este tiempo, a pesar de todo lo que hemos pasado y no tengo tiempo para contarles todo lo que hemos pasado, en este último tramo sí tengo que reconocer, o tenemos que reconocer, que se ha avanzado mucho. Y debo reconocer y agradecer a la jefa de Gobierno, Clara Brugada por esto y al secretario de Vivienda, Inti Muñoz, por acompañarnos en este último tramo de la reconstrucción.
Muchas gracias a los habitantes de la Ciudad de México por su solidaridad, a las damnificadas y los damnificados por todo el esfuerzo y sacrificio que hicieron en estos nueve años. Muchas gracias al Gobierno de la ciudad, por llegar a este momento.
Y enfrentemos juntos lo que falta, porque lo que falta sigue siendo importante.
Muchas gracias, muy buenos días.
Y en este 19 de septiembre, una vez más, estamos unidos y solidarios en esta, nuestra Ciudad de México. Muchas gracias.
Representante del Colectivo de Damnificados Unidos de Benito Juárez, Cuauhtémoc, Coyoacán y otras alcaldías, Mónica Romero (MR): Buen día. Pido la presencia, por favor, que me acompañen Fernando Irala y Aisha Calderón en este especial día. Sí pueden estar, por favor, aquí.
Buen día, amigos, compañeros, queridas autoridades.
Gracias a todas las autoridades, a todos los voluntarios, a la Cruz Roja; a nuestros queridos topos mexicanos, que son un orgullo nacional e internacional; gracias a Protección Civil, al Ejército, a la Marina; a tantos, tantos compañeros que nos tendieron la mano y que estuvieron con nosotros ese día, gracias.
Con su venia, jefa de Gobierno. 19 de septiembre, el día que cambió nuestras vidas. Hoy venimos a recordar a quienes ya no están, a quienes perdieron su vida, su patrimonio y durante mucho tiempo, también la tranquilidad de saber dónde vivirían al día siguiente, a quienes perdieron su paz.
Hace nueve años, un sismo cambió nuestras vidas y frente a aquella emergencia la sociedad civil respondió. Vecinas y vecinos nos organizamos, las familias nos acompañamos y estuvieron nuestros angelitos: médicos, paramédicos, voluntarios, unidos con la sociedad civil en solidaridad, acompañamiento y cuidado.
De esa solidaridad nació también Damnificados Unidos de Benito Juárez, Coyoacán, Cuauhtémoc y otras alcaldías, una organización de familias de 11 alcaldías que durante estos nueve años ha acompañado procesos de reconstrucción y rehabilitación, no solo de inmuebles, sino de vidas.
Hoy queremos reconocer que ha habido avances importantes. En estos nueve años hemos tenido con nosotros extraordinarios funcionarios, pero principalmente grandes seres humanos.
Gracias a nuestros comisionados, pudimos avanzar. Gracias, querido comisionado, César Cravioto, lo llevamos en el corazón. Gracias, querida comisionada Jabnely Maldonado, nuestra querida Jab, te queremos. Gracias, secretario Inti, por estar semana con semana con nosotros, acompañando y ayudándonos. Gracias, querido equipo Comisión, por tantos años de esfuerzo. Gracias, querido equipo INVI, por estar hoy día unidos con nosotros, muchas gracias.
Pero la reconstrucción todavía no termina, hay familias que todavía están esperando y cuando hablamos de una familia que espera, no hablamos solamente de una estadística, hablamos de personas que siguen pagando renta, que tuvieron que cambiar sus planes, que tuvieron que cambiar sus vidas. De alguien que dejó de vivir en un lugar donde construyó buena parte de su vida.
Querida jefa de Gobierno, necesitamos cerrar esta etapa de reconstrucción con certeza y a la brevedad.
Gracias, jefa de Gobierno, por el apoyo que nos ha dado y esperamos contar con su presencia a lo largo de esta reconstrucción para continuarla exitosamente, como es nuestro deseo y como estamos decididos a seguir trabajando.
A finales de 2025, se planteó que la reconstrucción estaría concluida a más tardar en julio de este año, no se alcanzó esa meta. Tenemos un nuevo horizonte que esperamos concluir: septiembre de 2027 y estamos seguros que lo lograremos.
Entendemos que existen casos complejos, problemas técnicos, jurídicos y administrativos, pero precisamente por eso creemos que la solución debe ser integral, necesitamos que las autoridades y las instituciones trabajen coordinadamente.
Pero también el 19S nos dejó otra enseñanza y quizás sea esta la más importante. Reconstruir después de una tragedia no es suficiente, tenemos que aprender a prevenir antes que ocurra.
Que esta fecha no sea solamente una conmemoración, que esta fecha sea un punto de partida. Queremos aprovechar la experiencia que durante nueve años hemos adquirido como sociedad civil para construir, de la mano con la secretaria Myriam, un programa de prevención y solución ante emergencias, un programa que pueda reunir a ciudadanos, autoridades, especialistas, instituciones educativas y sectores social y privado.
Queremos que septiembre sea el mes de la prevención, porque sabemos algo que aprendimos de manera dolorosa: la prevención salva vidas, la preparación reduce riesgos y una sociedad organizada puede responder mejor cuando llega una experiencia.
Hoy no queremos quedarnos solamente con la memoria de lo que perdimos, queremos convertir esa memoria en una responsabilidad hacia el futuro. Queremos que las familias que todavía esperan puedan regresar a casa. Queremos que quienes ya regresaron puedan vivir con tranquilidad. Y queremos que nuestros hijos y nuestros nietos encuentren en esta nuestra querida Ciudad de México una ciudad mejor preparada para enfrentar una emergencia.
Hace nueve años, la tragedia nos mostró nuestra vulnerabilidad, pero también nos mostró nuestra capacidad, la capacidad de ayudarnos unos a otros. Hagamos que esa solidaridad se convierta en política pública, hagamos que la experiencia se convierta en prevención y hagamos que la reconstrucción pueda llegar finalmente a su conclusión.
Porque recordar el 19 de septiembre no es solamente mirar hacia atrás, es asumir la responsabilidad de construir una ciudad más segura, más preparada y más humana; y sobre todo, que la tragedia que hace años, hace nueve años sufrieron nuestras familias sirva para prevenir y proteger a las familias del futuro.
Muchas gracias.
Luchador social, Súperbarrio Gómez: Muchas gracias. Buen día a todas y a todos.
Esta fecha ha venido siendo en los últimos 40 años un momento de dolor y de homenaje; un momento de fraternidad y reflexión. Llegan los recuentos, las imágenes, las manos solidarias trabajando en los rescates en el edificio Nuevo León, en el Centro Médico, en el área de costureras, en el Súper Leche y en un largo etcétera. No olvidamos. No podemos olvidar.
En la calle Colombia vivía un compañero en una vecindad ruinosa que todos lo conocíamos como “El quiubole güey”, porque así se saludaba con todos los vecinos. Cuando él se enteró de la caída del edificio Nuevo León, inmediatamente se trasladó a ayudar en las tareas de rescate, terminó exhausto ese día; y al otro día, el 20 de septiembre, cuando se enteró de que había muchos edificios colapsados donde trabajaban las costureras, se dirigió a apoyar las tareas de rescate.
Cuando vino el segundo sismo, la réplica del día 20, ya no lo volvimos a ver. De esos héroes sin capa, de esos que entregaron corazón y vida para salvar la de otros. Me imagino al “Quiubole güey” saludando allá donde esté, a todo el mundo diciéndole con esa irreverencia: ¿Quiubole güey?
Y esta fecha es un momento también de pensar en la ciudad, de rendir cuentas, de hacer cada quien un balance de lo hecho en favor de esta ciudad y de tener claro lo que falta por hacer y según yo, falta mucho por hacer.
Llegamos a hacer valer nuestro derecho y libertades democráticas de elegir gobiernos propios, legítimos, al servicio de todos, pero primero de los más pobres. Aunque muchos de estos gobiernos no aprenden todavía a mandar obedeciendo.
Logramos una Constitución que es la ruta para transformar la ciudad, pero nos hace falta que la gente, que el pueblo conozca la Constitución y la haga suya, la haga transitar por los barrios, las colonias, los pueblos y las unidades habitacionales. De poco sirve una Constitución alejada de la vida de la gente.
Nunca mejor dicho que, en estos momentos históricos, la Ciudad de México tiene la Constitución que se merece como una herramienta para avanzar y encontrar soluciones a los problemas que todavía arrastramos y que hay que apurar el paso.
El programa general de desarrollo debe aprobarse y ser un instrumento al servicio de todos los habitantes.
Y si en alguna parte, el programa general de desarrollo no responde a las necesidades de la población, que se ajuste con la participación de los vecinos y que sea evaluado no solamente por las autoridades, sino que sea evaluado en su acción por la población, corregido, ejecutado y otra vez evaluado, hasta que tengamos un programa general de desarrollo que sea un instrumento que nos ayude a avanzar y consolidar la transformación de esta ciudad. Y que el resultado que tenga este programa sea la guía de un proyecto de ciudad de largo aliento.
En la lucha popular desde hace muchos años hemos aprendido que las mejores causas de la gente mantienen una consigna: crear poder popular, entendido como la acción de la comunidad en la toma de decisiones tanto en el entorno inmediato, como en el resto de la metrópoli.
El derecho a la ciudad necesita también de instrumentos, como las acciones de mejoramiento barrial, el rescate y recuperación de los espacios públicos, el reordenamiento de las actividades que impacten el vecindario y en esa tarea estamos convocados todos.
Hace algunos días comentaba con compañeros que son dirigentes de diversas organizaciones sociales, que en la ciudad necesitamos no una reforma, sino una profunda revolución urbana; que la Capital de la Transformación lo sea, con la aportación de todas y todos.
Hemos avanzado mucho: logramos el presupuesto participativo, logramos muchos programas sociales para estar cercanos a la población; que la población se apropie de los programas, que los ejecute, que los entregue a los vecinos y que sean una parte importante en esta tarea de corresponsabilidad.
Porque es muy fácil quejarse, cerrar una calle, tomar una oficina pública, lo que hay que aprender es a ser corresponsables en la vida, en la prevención, en el futuro, en la creación de una ciudad para la vida.
Hay un amplio abanico de temas. Debemos atender la crítica bien intencionada, debemos ser parte de las soluciones y no solo de la queja permanente, debemos responder juntos a los retos de un ejercicio democrático, incluyente, propositivo y que tenga compromiso: lograr para todos una ciudad para la vida.
¡19 de septiembre no se olvida, es de lucha combativa! Muchas gracias.